Mar 15 Ago 2006
Fui a una escuela de monjas españolas. Era la peor de la clase en
manualidades, todo me salÃa horrible, cuando la monja trató de
enseñarme a tejer santa clara no sé cómo no lloró, se me hacÃan unos
agujeros inmensos y no sabÃa por qué. Entonces me convencà que la
madre naturaleza no me habÃa provisto de lo necesario para las
artesanÃas y tranquilamente me alejé de ellas.
VeÃa a mi abuela hacer crochet con respeto pero “con la ñata contra el vidrio”.
Asà llegué a los 20 años y và una revista en la casa de una compañera
de clase que tenÃa una boina a crochet que me encantó. Asà que de la
misma forma que estudiaba quÃmica en los libros estudié crochet en la
revista y me hice la preciosa boina que me quedaba muy bien y que casi
creció conmigo e hizo la diferencia en mi vida porque me demostró que
no hay malos alumnos sino malos profesores.
De ahà en adelante aprendà a tejer con dos agujas y a hacer moldes y
crear mis propias recetas de un modo “cientÃfico”, haciendo muestras
de textura y usando matemáticas para calcularlas y me independicé de
los patrones a tal punto que tuve durante muchos años una empresa de
tejido a mano para exportación, eduqué a mis hijos, compré mi casa y
mi auto con el tejido el cual dejó, no muy dignamente, de existir
cuando los chinos nos quitaron todos los mercados.
Y asà antes del colorÃn colorado, llegué a Estados Unidos donde terminé
de probar que las artes son para mà ya que estudio escultura en el
Worcester Art Museum y ya intervine en tres exposiciones.
Tags: crochet – historia – tejido
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Agosto 16th, 2006 at 11:36
que compre la casa y el auto es una broma, je a ver si se lo creen…