Cuando era niña, (hace tiempo y allá lejos)iba a la escuela primaria
en una zona rural de la provincia de Buenos Aires…
Cursaba el 5° grado y teníamos una hora de labores. La profesora nos
enseñaba a coser, a hacer moldes y a tejer con dos agujas.
En mi casa, no había tiempo para labores. Ya que la vida era muy
dura. Había que sembrar, alimentar a los animales en la granja.
Todos teníamos una actividad.
Hasta que un día vino de visita mi tía Lidia: con un bolso lleno de
lanas e hilos multicolores. Me empecé a interesar por el tejido.
Ella me enseñó los puntos básico: Santa Clara, Jersey, elástico,etc.
etc.
Mi curiosidad avanzaba, y le pregunté por esos ganchos de alambres
con los que había visto tejer a una vecina. Como ella no sabía tejer
con una sola aguja me trajo a los pocos días unas revistas y mis
primeras agujas de crochet!!!
Leí tantas veces la revista, enredé y desenredé tantas veces el hilo
por esa aguja hasta que saque el punto cadena y después de horas mi
primera vareta. Estaba tan contenta con mi pequeño gran logro que no
hice las tareas que me correspondían hacer a mí. Recibí un reto de
mi abuela porque no había regado las plantas esa tarde pero también
recibí una sonrisa de aprobación por lo que había hecho de mi mamá.
Pasó el tiempo y hoy a los 52 años volví a tomar la aguja y empecé a
hacer muestras. El año pasado perdí a mi mamá. Ahora estoy tejiendo
un pulovercito en punto vareta, color fuccia combinado con color
manteca. Cuando destejo una hilera porque me equivoqué recuerdo la
sonrisa de mamá y sigo adelante con otros bríos

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