Aprendí en tercero de primaria a los 9 años en manualidades. La profesora nos enseñó a hacer un par de agarraderas (coge ollas), no recuerdo con que otro nombre lo conocen, pero recuerdo que lo aprendí muy fácil y rápido y me quedó muy bonito. Eran color rojo y justo era para el regalo de día de la madre.

En mi caso yo no había visto a nadie tejer y menos en mi familia, pero justo después de esto, conocí una tía por parte de padre que tejía mucho y para vender.

Ella hacía colchas y cojines en esa época eran los típicos cuadros en el mismo color pero diferentes tonos. Mi tía me enseño mi primera colcha el diseño fue el del zig zag del mismo color pero en diferente tonos. Aún la conservo. Fue en ese momento que me encariñe con el tejido.

No volví a hacer nada pues llegó la adolescencia y olvidé todo tipo de manualidades, hasta hace 10 años cuando mi primera hija tenia 4 años que tome clases de tejido. En este tiempo en Cali el crochet estaba en pleno furor coincidió con el bajón en la economía y me quede un año en la casa que fue considero uno de mis mejores años, aprendí, hice y vendí vestidos de baños de dos piezas, bolsos, blusas. Claro que siempre era el mimos modelo solo que a diferentes clientas, y hasta zapatos. Me fue muy bien, esto duro hasta que me ubique en otra empresa.

No volví a coger una aguja hasta que quede embarazada de Meghan y me dio por hacerle una manta tejida. “Solo después de tantos años me doy cuenta de las bellezas en crochet”

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